envejecimiento

Meditación y envejecimiento (I)


Robert Keith Wallace en 1978, cuando ya había dedicado una década a convalidar los efectos individuales de la mente cuerpo sobre quienes practican la meditación trascendental, decidió seguir una nueva pista e investigar una área holística más compleja, el envejecimiento humano.

 

Tradicionalmente se ha aceptado el proceso de envejecimiento sin cuestionarlo, como si fuera un aspecto inevitable de la vida normal y se ha supuesto que casi todas las variaciones son individuales.

 

Algunas personas viven más que otras merced a genes privilegiados, a un sistema inmunitario fuerte o simplemente gracias a su buena suerte, pero aún no existe ningún factor antienvejecimiento que se pueda aplicar a todas las personas. Si lo hubiera habría mayor uniformidad en la salud de las personas de setenta años, respectos de sus funciones corporales, como la homogeneidad que se observa en las personas de veinte años.

 

Sin embargo, no existe ninguna prueba científica de que el envejecimiento sea normal, de que sea simplemente una cosa que nos ocurre a todos. Hay tantos factores estresantes influyendo sobre las vidas “normales”, que nuestra fisiología vive todo el tiempo bajo presiones anormales, como el ruido, la contaminación, las emociones negativas, las dietas inadecuadas, el tabaquismo, el alcoholismo, etcétera. Sin ir más lejos, la “enfermedad de estar siempre de prisa” acelera el envejecimiento en casi todos nosotros. Si la meditación puede neutralizar estos factores quizá nos revele algo enteramente distinto acerca del proceso de envejecimiento.

 

Wallace se dispuso a estudiar a un grupo de medtantes adultos para obtener lo que se conoce como edad biológica. la edad biológica muestra qué tan bien está funcionando el cuerpo de una persona, comparado con las normas de la población en su conjunto. Nos da una medida más confiable de cómo está ocurriendo el proceso de envejecimiento, de como nos la daría la edad cronológica, ya que dos personas que tengan cincuenta y cinco años de edad, según el calendario, tendrán cuerpos muy diferentes, comúnmente. Para empezar, Wallace sólo tenía que ocuparse de tres variables bastante simples: presión sanguínea, agudeza auditiva y visión próxima ( la capacidad de ver objetos a corta distancia). Estas tres características se deterioran en forma constante a medida que el cuerpo envejece biológicamente y por lo tanto son excelentes indicadores.

 

(continuará)

 

Deepak Chopra

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