las fiestas decembrinas

Unas notas de consuelo y alegría


“La tristeza siempre la tenemos con nosotros, es un hierbajo lozano y resistente, pero la alegría necesita cuidados”. Barbara Holland

 

Esta es la semana que a las mujeres empieza a pesarnos la carga de las numerosas cosas que hay que hacer con vistas a las fiestas que se avecinan. Hay que escribir felicitaciones mandarlas, comprar regalos, envolverlos, enviarlos, comprar el árbol, adornarlo, elaborar galletas, organizar fiestas, asar el pavo. La semana próxima, a menos que un poder superior a nosotras nos haya devuelto la cordura, no podremos con nuestra alma. Las fiestas de Navidad son el apogeo de la temporada de la gripe, lo cual no tiene nada de extraño. En un libro recientemente publicado sobre cómo simplificar nuestra vida se nos sugiere que “nos retiremos” de las fiestas, como si las mujeres reales tuviéramos esta opción. ¿La tienes tú?

 

Por si no se han enterado, las mujeres son las que “hacemos” la navidad, las que hacemos milagros a petición. Las mujeres somos el deux ex machina del Espíritu y desde nuestro lugar entre bastidores nos encargamos de que los sueños navideños se hagan realidad.

 

La celebración de la navidad tal como la conocemos hoy, con su torbellino de fiestas, adornos, regalos y tradiciones centradas en la familia, fue un invento de las clases medias inglesas y norteamericanas a mediados del siglo XIX. Las mujeres de la época victoriana, que eran personan totalmente caseras, empezaban a “hacer” la navidad en julio. Sin embargo, durante los últimos decenios del siglo XX las mujeres hemos hecho muchas otras cosas mientras hacíamos la Navidad. por esto acabamos hechas polvo en diciembre todos los años.

 

Para muchas mujeres es la temporada del sufrimiento y la angustia: lágrimas, berrinches, chillidos, gritos, ajetreo, prisas, conflictos con el dinero, pelmazos de la familia y paparruchas.

 

¿No te parece que el verdadero milagro de la navidad sería que pudiéramos detenernos el tiempo suficiente para recordar la razón de la fiesta, lo cual haría que nuestras celebraciones fuesen auténticas y tuvieran sentido?

 

De modo que alégrate.  No te canses, no te sientas frustrada ni te pongas frenética, pues traigo noticias reconfortantes y de alegría.

 

Si celebras la navidad en tu casa, puedes optar por hacerla a tu manera. Sea cual sea tu manera. puedes decidir conscientemente sentirte feliz, cariñosa, realizada, generosa, pacífica, contenta, espiritual, alegre, serena, festiva y relacionada emocionalmente con las personas que son importantes en tu vida para las fiestas de este año.

 

O puedes optar inconscientemente por acabar con los nervios destrozados.

 

Date cuenta hoy de que no puedes hacerlo todo. Todo a la vez, no es posible. ni hacerlo durante los próximos días. En absoluto. No se hable más.

 

Reconoce ahora que una de las razones por las que las Navidades anteriores no estuvieron probablemente a la altura de tus expectativas fue que intentaste hacer demasiadas cosas y de forma demasiado perfecta.

 

Echa un vistazo a la lista de cosas que pensabas hacer y empieza a tachar. Deja sólo lo que más te guste. Tacha otro par de cosas “imprescindibles”. Ahora tendrás tiempo de acercarte a la ventana y contemplar la nieve que cae suavemente, de deleitarte con el sonido de las campanitas y las músicas alegres, saborear los dulces aromas de la sidra caliente, el pavo asado y el pan de jengibre, de beber chocolate caliente y ponche de leche y huevo elaborado en casa, de leer un cuento navideño todos los días al caer la tarde, de sentarte ante el fuego de la chimenea y de volver a crear costumbres queridas que son beneficiosas para tu alma y para el alma de tus seres queridos. “Espero de veras que tu navidad tenga…un toque de eternidad en medio de las prisas y las chácharas y todo lo demás – nos recomienda la mística Evelyn Underhill – Siempre parece una mezcla de este mundo y del otro, pero de eso, después de todo, ¡ es de lo que se trata!”

 

Sarah Ban Breathnach

El encanto de la vida simple